martes, 5 de abril de 2011

Respuesta de un jefe Sioux.

En 1854, el presidente de los Estados Unidos le hizo a una tribu indígena la propuesta de comprar gran parte de sus tierras.

Esta fue su respuesta....

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¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra?,
esta idea nos parece extraña.
Si no somos dueños de la frescura del aire y del brillo del agua,
¿cómo es posible comprarlos?.


Cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi pueblo. Cada rama brillante de un pino, cada puñado de arena de las playas, la penumbra de la densa selva, cada rayo de luz y el zumbar de los insectos son sagrados en la memoria y vida de mi pueblo. La savia que recorre el cuerpo de los árboles lleva con sigo la historia del hombre piel roja.
Los muertos del hombre blanco olvidan su tierra de origen cuando van a caminar entre las estrellas. Nuestros muertos jamás se olvidan de esta bella tierra, pues ella es la madre del hombre piel roja. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el ciervo, el caballo, el gran águila, son nuestros hermanos. Los picos rocosos, los surcos húmedos de las campiñas, el calor del cuerpo del potro y el hombre, todos pertenecen a la misma familia.
Por esto, cuando el Gran Jefe Blanco en Washington manda decir que desea comprar nuestra tierra, pide mucho de nosotros. El Gran Jefe Blanco dice que nos reservará un lugar donde podamos vivir satisfechos. El será nuestro padre y nosotros seremos sus hijos. Por lo tanto, nosotros vamos a considerar su oferta de comprar nuestra tierra. Pero eso no será fácil.
Esta tierra es sagrada para nosotros. Esta agua brillante que escurre por los riachuelos y corre por los ríos no es apenas agua, sino la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos la tierra, ustedes deberán recordar de que ella es sagrada, y deben enseñar a sus niños que ella es sagrada y que cada reflejo sobre las aguas limpias de los lagos hablan de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo. El murmullo de los ríos es la voz de mis antepasados.
Los ríos son nuestros hermanos, sacian nuestra sed. Los ríos cargan nuestras canoas y alimentan a nuestros niños. Si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben recordar y enseñar a vuestros hijos que los ríos son nuestros hermanos, y los suyos también. Por lo tanto, vosotros deberéis dar a los ríos la bondad que le dedicarían a cualquier hermano.
Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestras costumbres. Una porción de tierra, para èl tiene el mismo significado que cualquier otra, pues es un forastero que llega en la noche y extrae de la tierra aquello que necesita. La tierra no es su hermana sino su enemiga, y cuando ya la conquistó, prosigue su camino. Deja atrás las tumbas de sus antepasados y no se preocupa. Roba de la tierra aquello que sería de sus hijos y no le importa.
La sepultura de su padre y los derechos de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, a la tierra, a su hermano y al cielo como cosas que puedan ser compradas, saqueadas, vendidas como carneros o adornos coloridos. Su apetito devorará la tierra, dejando atrás solamente un desierto. Yo no entiendo, nuestras costumbres son diferentes de las vuestras. Tal vez sea por que el hombre piel roja es un salvaje y no comprenda.
No hay un lugar quieto en las ciudades del hombre blanco. Ningún lugar donde se pueda oír el florecer de las hojas en la primavera, o el batir las alas de un insecto. Más tal vez sea por que soy un hombre salvaje y no comprendo. El ruido parece solamente insultar los oídos.
¿Què resta de la vida si un hombre no puede oír el llorar solitario de un ave o el croar nocturno de las ranas alrededor de un lago?. Yo soy un hombre piel roja y no comprendo. El indio prefiere el suave murmullo del viento encrespando la superficie del lago, y el propio viento, limpio por una lluvia diurna o perfumado por los pinos.
El aire es de mucho valor para el hombre piel roja, pues todas las cosas comparten el mismo aire -el animal, el árbol, el hombre - todos comparten el mismo soplo. Parece que el hombre blanco no siente el aire que respira. Como una persona agonizante, es insensible al mal olor. Pero si vendemos nuestra tierra al hombre blanco, el debe recordar que el aire es valioso para nosotros, que el aire comparte su espíritu con la vida que mantiene. El viento que dio a nuestros abuelos su primer respiro, también recibió su último suspiro. Si les vendemos nuestra tierra, ustedes deben mantenerla intacta y sagrada, como un lugar donde hasta el mismo hombre blanco pueda saborear el viento azucarado por las flores de los prados.

 Por lo tanto, vamos a meditar sobre vuestra oferta de comprar nuestra tierra. Si decidimos aceptar, impondré una condición: el hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos.
Soy un hombre salvaje y no comprendo ninguna otra forma de actuar. Vi un millar de búfalos pudriéndose en la planicie, abandonados por el hombre blanco que los abatió desde un tren al pasar. Yo soy un hombre
salvaje y no comprendo como es que el caballo humeante de fierro puede ser más importante que el búfalo, que nosotros sacrificamos solamente para sobrevivir.
¿Qué es el hombre sin los animales?. Si todos los animales se fuesen, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu, pues lo que ocurra con los animales, en breve ocurrirá a los hombres. Hay una unión en todo.
Vosotros debéis enseñar a vuestros niños que el suelo bajo sus pies son la ceniza de vuestros abuelos. Para que respeten la tierra, digan a sus hijos que ella fue enriquecida con las vidas de nuestro pueblo.

Enseñen a vuestros niños lo que enseñamos a los nuestros, que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurra a la tierra, le ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, están escupiendo en sí mismos. Esto es lo que sabemos: la tierra no pertenece al hombre; es el hombre el que pertenece a la tierra.
Esto es lo que sabemos: todas la cosas están relacionadas como la sangre que une una familia. Hay una
unión en todo. Lo que ocurra con la tierra recaerá sobre los hijos de la tierra. El hombre no tejió el tejido de la vida; el es simplemente uno de sus hilos. Todo lo que hiciere al tejido, lo hará a sí mismo.

Incluso el hombre blanco, cuyo Dios camina y habla como él, de amigo a amigo, no puede estar exento del destino común. Es posible que seamos hermanos, a pesar de todo. Veremos.

De una cosa estamos seguros que el hombre blanco llegará a descubrir algún día: nuestro Dios es el mismo Dios.

Vosotros podéis pensar que lo poseen, como desean poseer nuestra tierra; pero no es posible, El es el Dios del hombre, y su compasión es igual para el hombre piel roja como para el hombre blanco.

La tierra es preciosa, y despreciarla es despreciar a su creador.  Los blancos también pasarán; tal vez más rápido que todas las otras tribus. Contaminen sus camas y una noche serán sofocados por sus propios desechos. Cuando nos despojen de esta tierra, ustedes brillarán intensamente iluminados por la fuerza del Dios que los trajo a estas tierras y por alguna razón especial les dio el dominio sobre la tierra y sobre el hombre piel roja. Este destino es un misterio para nosotros, pues no comprendemos el que los búfalos sean
exterminados, los caballos bravíos sean todos domados, los rincones secretos del bosque denso sean impregnados del olor de muchos hombres y la visión de las montañas obstruida por hilos de hablar.

¿Dónde están los árboles?, desaparecieron.
¿Dónde está el águila?, desapareció.
Es el final de la vida y el inicio de la sobrevivencia.
"¿Necesitaré pintaros los terribles males que de aguardar fríamente tan bárbara invasión puede resultaros?"

domingo, 27 de febrero de 2011

Redes Psicologia social eduardo punset (Parte 1)

Promocionar o "tratar" la Salud Mental.

Desde la reforma psiquiátrica hace ya varias décadas, una vez superado el “modelo manicomial”, las cosas no han avanzado mucho (http://www.psiquiatria.com/articulos/psiq_general_y_otras_areas/psiqcomunitaria/37173/). Seguimos inmersos en un modelo puramente asistencialista, donde se espera a que el individuo desarrolle todo un compendio de síntomas psicopatológicos e incluso a que éstos se instauren plenamente para comenzar a dar algo de importancia a la salud mental de la persona.

Si se nos han enseñado pautas para reducir tales o cuales riesgos para nuestra salud física, no ha sido así con aquellas necesarias para proteger nuestra salud psíquica. De hecho no es infrecuente que, a diferencia de lo que ocurre con los síntomas de problemas médicos, los de carácter psíquico sean en sus comienzos ignorados por el que los padece, o tenga dificultad para identificarlos, o que espere a que remitan espontáneamente o a intentar “curarse uno mismo”. Prestamos más atención sanitaria a un catarro que a problemas de habilidades sociales o a una baja autoestima; conceptos éstos últimos mucho más desconocidos que el anterior, a pesar de evolucionar con un curso más insidioso.

Por otra parte, el abordaje terapéutico totalmente medicalizado para los trastornos psíquicos a día de hoy está de espaldas a la evidencia científica, tal como publica el NICE (http://www.infocoponline.es/pdf/120808tablaNICE.pdf), en un amplio meta-análisis. Un elevado porcentaje de consultas de Atención primaria se deben a problemas psicológicos (en algunos estudios alrededor del 60%) y se prescriben muchos más fármacos antidepresivos y ansiolíticos de lo indicado para la prevalencia de todos los trastornos juntos que se tratan con ellos, lo que redunda muy negativamente en la presión asistencial y el gasto en prescripciones (http://medicablogs.diariomedico.com/reflepsiones/2009/03/19/salud-mental-atencion-primaria-e-incapacidad-laboral-temporal/ ).

Nos encontramos de espaldas a conceptos como el de Resiliencia, al menos en su significado psicológico, (http://www.bvsde.paho.org/bvsacd/cd61/vellisco.pdf), incapaces de darnos cuenta de cómo la resistencia a la frustración, las habilidades sociales, las estrategias de afrontamiento de estresores psicosociales…juegan un papel crucial en el desarrollo de trastornos mentales en el futuro, y de que estas habilidades se pueden aprender. Iniciativas como el programa Forma Joven pueden constituir la plataforma ideal para la Promoción de la Salud en este sentido, contribuyendo así a “redondear” la atención a la prevención de la salud de los jóvenes, dotándoles de estrategias que les ayuden a afrontar satisfactoriamente los retos de la vida adulta.

Arturo Vellisco García

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Los dos cerebros.

Miedos en vida.

Todo paso hace ya mucho tiempo. Seguramente ya nadie se acuerde de ello, pero quizás sea por lo que no se debe olvidar. En aquellos tiempos, era raro el ver a alguien contestatario. Para nosotros Paco, era un raro. Una persona que sin saber por que siempre estaba quejándose, nunca estaba de acuerdo con nadie.

Recuerdo una vez cuando éramos niños que nos fuimos todos los amigos de la urbanización a un lugar que le llamábamos el puente.  Era un pequeño puente de madera hecho para pasar un rio. Era un día como otro cualquiera, el verano estaba llamando a las puertas de la primavera, las temperaturas subían cada vez más y el acercarse al agua era cada vez más necesario.

Todos necesitábamos cada vez más el darnos un buen baño, mientras estábamos tirándonos del pequeño puente de madera nos reíamos. Paco estaba debajo de un árbol frondoso que se hallaba al lado del rio. Tenía una madera en la mano y con una pequeña navaja estaba dándole forma. Nosotros estábamos a lo nuestro entre gritos, risas y ahogadillas.

Todos estaban riéndose y cuanto más aumentaban las risas el nerviosismo de Paco era mayor. Yo que ya era muy observador de la naturaleza animal, y de la naturaleza humana, decidí recostarme sobre una roca para que me diera un poco el sol. Mientras me acercaba a ella, podía ver como a Paco el aumento de nuestro jolgorio parecía molestarle, y sus movimientos de manos eran cada vez más espasmódicos. Apretaba con fuerza la navaja para sacar más madera del trozo al que intentaba darle forma, llevaba horas haciéndolo.
Aún así el seguía mirando como todos se iban tirando y empujándose repetidamente desde el puente, a la vez que gritaban al caer. Llego un momento en que estaba más pendiente de los demás que de su propia navaja, lo que le llevo a darse un buen tajo en la mano, y un grito de dolor dejó a todos los demás mirando hacia Paco.

Salimos todos corriendo del agua para dirigirnos a socorrerlo, fue entonces cuando todo se nos plasmo delante de la cara. Fue entonces cuando nos dimos cuenta.

Lo recogimos entre todos  y cuando nos acercábamos al agua para limpiar su herida, un estremecimiento de miedo recorrió nuestros cuerpos. Por que al ver el agua tan cerca, Paco dio un salto hacia atrás y un grito de miedo. Entonces instintivamente tiramos de él hacia el rio cerca del puente, y el estremecimiento de Paco fue mayor, y unos espasmos de horror recorrieron su cuerpo. Tenía fobia al agua. Algo le había pasado siendo niño que le había hecho sentir miedo a su cercanía.

Entonces me dirigí hacia el río recogí un poco de agua en un recipiente, y se lo acerque hacía donde el se encontraba. La mirada de Paco seguía teniendo un miedo opaco en sus ojos. Su inseguridad con la cercanía del agua se había convertido en miedo, pero un miedo que se traslucía en pánico.

Ese fue el verano que verdaderamente conocimos a Paco, el niño del pueblo al que visitábamos en la época de vacaciones y que nos había pegado cuando éramos niños, y al que todos cuando éramos chicos le teníamos miedo por que nos hacía creer que aquello era suyo y nosotros solos unos intrusos temporales. Paco el perdonavidas de la urbanización cuya  victima preferida eran los madrileños, también tenía miedo.

Pasaron los años y con ellos los miedos pasaron al olvido, los nuestros y los suyos, por que ya nos encargamos todos de ayudar a Paco a recuperar un espacio que su miedo le había prohibido, el poder disfrutar del agua. Poco a poco fue pasando su miedo y fue uno más de nosotros en los juegos acuáticos. Pero nunca se me olvidara ese día en el que conocí que para ser valiente uno tiene que luchar con sus miedos, por que el luchar contra ellos es el enfrentarte a la vida.