domingo, 12 de agosto de 2012
El encuentro.
Habíamos quedado hacía unos días para vernos. Como siempre ocurre en estos casos, las redes sociales habían sido nuestro nexo. Hacía por lo menos veinte años que no nos veiamos. Pero todos teníamos ganas de reunirnos y contar nuestras anecdotas, los sucesos que nos habían acaecido despues de tantos años.
El lugar de encuentro nos era más que un centrico restaurante, conocido por todos, por la cercanía a nuestro antiguo instituto.
Fuimos llegando y preguntamos al camarero por nuestra reserva.
Yo, como siempre un inpuntual de la antigua usanza. Llegue uno de los últimos, y ya todos estaban sentados a la mesa, la fiesta que me hicieron al llegar fue memorable. Haciendo alusiones a mi reloj, cuyas agujas debían estar un poco mal encaradas con la puntualidad.
La noche fue un acontencimiento digno de ser repetido. Como siempre estuvimos hablando del ayer. De aquellos momentos de nuestra niñez. De nuestros profesores. De aquellas bellezas que nos acompañaban en aquellas horas interminables de clases, en las cuales nuestras miradas se reflejaban mas en la calle que en la pizarra.
Y como siempre en estos casos, desde el pasado hicimos una incursión en el pasado reciente. Hablamos de nuestras parejas, de nuestras ex, así como de nuestros trabajos, y como no de nuestros ex-trabajos. Hubo algunos que decían ser felices. otros no tanto, y entre copas y copas los instintos se fieron soltando y terminamos en una discoteca haciendo de gallitos de corral y jugando a ser unos conquistadores cuarentones que se acercaban a unas veinteañeras con intenciones lascivas.
Como siempre, en estos casos, las copas nos aguantaron hasta que nuestra pesadez se hizo insoportable.
Y terminamos, recorriendo el camino de vuelta, cada uno a su casa.
Nunca más volvimos a quedar, no se si por falta de ganas o simplemente por dejadez. El caso, es que nuestros designios se volvieron a separar, hasta que otra vez se volvieran a encontrar.....a lo mejor si o a lo mejor no.
domingo, 1 de julio de 2012
LOS SOBREVIVIENTES.
Un avión se estrella en el Pacífico Sur. Sólo sobreviven tres personas:
el piloto, un auxiliar de vuelo y una azafata que se agarran a los
restos del avión. Al cabo de una semana a la deriva llegan a una isla
desierta, lejos de cualquier ruta aérea y marítima. Saben que no los
buscarán más. Entonces se organizan la vida, construyen una bonita
cabaña, la naturaleza es generosa y les provee de carne, frutas y agua
fresca. Ellos son jóvenes y fuertes...
Al cabo de dos meses de convivencia en la isla, la azafata se decide a hablar de un tema con los otros dos...
-
Vamos a ver amigos... Estamos solos... Y puede ser para siempre. Nos
hemos respetado desde el momento en que llegamos aquí... Tenemos
nuestra intimidad... Todo está fenomenal... Pero... Creo que todos
tenemos ciertas carencias... Yo sé que ustedes, por delicadeza, no
quieren hablar conmigo de eso, por lo tanto lo hago yo: a ver si están
de acuerdo en ésto... Tú me lo haces los días pares y tú los impares...
Y si surge cualquier problema lo hablamos y lo solucionamos.
Todos
quedaron de acuerdo y encantados por haber estado tan organizados y
poder hablar del asunto... Pasan unas semanas fabulosas... Cada uno su
turno: uno los días pares y el otro los impares, con un respeto y un
entendimiento ejemplar. Por desgracia, al cabo de unos meses a la chica
la ataca un virus y se muere. Los dos hombres se quedan terriblemente
tristes... Es una desgracia pero la vida continúa y vuelven a la rutina
de antes... Un mes más tarde uno de ellos se dirige al otro y le dice:
-
Escúchame, el tiempo pasa yo sé que esto es tan duro para ti como para
mí, por eso tenemos que hablar... Me falta alguna cosa... Yo soy joven
y no puedo seguir así... Tú que piensas?
El otro le dio las gracias por sacar el tema y le dice que él también está pasando por la misma situación...
- ¿Entonces tú también piensas como yo?
- Y sí... Y si no funciona lo discutimos.
- De acuerdo...
- Entonces, ¿cómo nos lo organizamos?
- Tú los días pares y yo los impares.
- Está bien... No hay problema.
Y los hombres pasan otro montón de semanas geniales... Pero una noche uno le dice al otro:
-
Escúchame, dijimos que lo discutiríamos si algo no iba bien... Bueno,
yo pienso que esto no debe continuar... Estamos solos y necesitados,
pero lo que estamos haciendo no me convence. Va en contra de la
naturaleza.
- Me tranquilizas -le dice el otro- yo también estaba
pensando como tú... me gustaría que parásemos... De todas formas ya no
son las mismas sensaciones que antes...
- ¿Estás de acuerdo entonces?
- Sí, ¿y tú?
- Yo también.
- Bueno, entonces,... ¿la sepultamos, no?
- Sí, la sepultamos...
miércoles, 30 de mayo de 2012
Fantasias.
Entre tus ojos
y los míos, hay un vacío.
Un mensaje que oculta
el destino de tus palabras.
Y recuerda el sentir de las mías,
que tus ojos y los míos mezclan
como un recuerdo,
de tu piel con la mía
y la mía sin ti.
miércoles, 16 de mayo de 2012
Puertas adentro
Julián estaba cansado de estar solo. Su
vida nunca había sido fácil, ni de niño, ni de joven y aún menos lo era
ahora que el tiempo comenzaba a jugar en contra.
Vivía solo
en un departamento modesto y tenía un trabajo como el de cualquiera. No
le pesaba no haber hecho una carrera, ni haberse forjado un “futuro”
acorde a las expectativas que habían tenido sus padres, pero la soledad
sí y le pesaba mucho, demasiado, cada día más.
Julián tenía esa edad en la que contestar el por qué de ciertas preguntas no era nada sencillo.
-¿Soltero todavía? -Preguntaban muchos.
-¿Qué esperas? –Cuestionaban algunos.
-¿Cuándo formarás una familia? Mira que el tiempo pasa y apremia –Decían otros.
Y Julián ensayaba una respuesta para
cada pregunta, pero en realidad no tenía ninguna. No sabía por qué no
encontraba un buen amor, no sabía por qué seguía solo y menos aún por
qué la gente que lo rodeaba no tenía el tino de dejar de preguntar.
Un domingo como tantos otros, Julián
había salido a caminar con su máquina de fotos. Sacar fotos era un
hobbie que le servía de compañía. Cansado de caminar, se sentó a tomar
un café y allí la vio. Ella tomaba un jugo, mientras escribía en un
cuaderno vaya a saber qué.
Era bonita, seguro un poco menor que él, pero no demasiado. Y entonces, se le ocurrió una idea.
-Disculpa ¿Me permitirías sacarme una foto contigo? –Preguntó ante los asombrados ojos de Mercedes.
Sin dejar que Mercedes articulara palabra, prosiguió:
-Sé que te parecerá una locura, pero eres tan parecida a ella, casi idéntica.
-¿A quién? –Preguntó ella desconcertada.
Julián debía ser convincente, la imagen
de esa mujer le había dado una idea, algo parecido a un boleto hacia un
viaje a la mentira, una mentira que se le estaba empezando a ser
necesaria.
-A mi hermana –Contestó cambiando el tono de voz-Ella murió hace poco y por increíble que te parezca, no tengo fotos con ella.
¿Y pretendes sacarte una foto conmigo? Una foto no me convertirá en tu hermana –Retrucó Mercedes, más molesta que asombrada.
-No por supuesto, lo sé. No pretendo
que entiendas mi dolor, pero te lo pido por favor, es sólo una foto.
Será como tenerla a ella cerca, por favor, te lo suplico – Insistió
Julián.
Mercedes accedió, no demasiado
convencida, pero sintiendo pena y ternura por esa historia que Julián
inventó en pocos minutos. Llamaron al mozo y Julián le entregó la
cámara.
-Sonríe por favor, ella siempre lo
hacía, era muy alegre ¿Puedo pasar mi mano por tu hombro? No lo tomes a
mal, pero a ella le gustaba.
Mercedes sonrió, algo incómoda, pero lo
hizo. Se sintió el tenue sonido de la máquina de fotos que, a partir de
ese instante, llevaría a la vida de Julián una realidad diferente, o
mejor dicho, llevaría respuestas a tantas preguntas que ya no quería
escuchar.
Al día siguiente reveló la foto y lo
hizo en diversos tamaños. Compró dos portarretratos uno para la oficina
y otro para el hogar. Colocó las fotos en ambos y una más pequeña en su
billetera.
-Te llamarás Julia –Dijo y beso la foto, como quien besa una estampita.
A partir de ese día, Julia cobró vida en el mundo de Julián y más aún en el imaginario de toda la gente que lo conocía.
-¡Era hora Julián! Te felicito, es muy bonita.
-Bella sonrisa por cierto. - ¿Y se llama Julia? ¡Vaya qué casualidad! Ni que lo hubieses buscado.
Ya no había preguntas incómodas, sólo
expresiones de alegría y alivio. Había que tomar ciertos recaudos para
que la mentira fuese creíble, no atender el teléfono en ciertas
ocasiones, ir al cine y al teatro, solo, pero ir para tener una salida
que contar.
No sería difícil, no más que haber vivido como había vivido hasta ese día.
Una mañana, mientras revolvía un café
una y mil veces, pensó en que no faltaría mucho para comenzar a
escuchar otro tipo de preguntas.
-¿Y cuándo la conoceremos?
-¿Habrá boda?
Decidió no preocuparse por el momento, ya inventaría otra historia convincente.
Se sentía tranquilo, ya no estaba solo para el mundo exterior, ya nadie se compadecía de él y de su soledad.
Ahora era parte del resto de la
humanidad, del resto que ama y es amado, que sale, que vive, que sueña
y que comparte. Para el mundo, Julián tenía una vida que sólo se diluía
cuando llegaba a su casa, cuando Julia volvía a llamarse Mercedes.
Puertas adentro, la soledad volvía a esperarlo, como siempre lo había hecho.
Puertas adentro, un portarretratos, una
sonrisa forzada y un abrazo no sentido le decían todo el tiempo que
poco importa las respuestas a las preguntas ajenas, cuando no se tienen
para las propias.
Liana Castello.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)