miércoles, 30 de mayo de 2012
Fantasias.
Entre tus ojos
y los míos, hay un vacío.
Un mensaje que oculta
el destino de tus palabras.
Y recuerda el sentir de las mías,
que tus ojos y los míos mezclan
como un recuerdo,
de tu piel con la mía
y la mía sin ti.
miércoles, 16 de mayo de 2012
Puertas adentro
Julián estaba cansado de estar solo. Su
vida nunca había sido fácil, ni de niño, ni de joven y aún menos lo era
ahora que el tiempo comenzaba a jugar en contra.
Vivía solo
en un departamento modesto y tenía un trabajo como el de cualquiera. No
le pesaba no haber hecho una carrera, ni haberse forjado un “futuro”
acorde a las expectativas que habían tenido sus padres, pero la soledad
sí y le pesaba mucho, demasiado, cada día más.
Julián tenía esa edad en la que contestar el por qué de ciertas preguntas no era nada sencillo.
-¿Soltero todavía? -Preguntaban muchos.
-¿Qué esperas? –Cuestionaban algunos.
-¿Cuándo formarás una familia? Mira que el tiempo pasa y apremia –Decían otros.
Y Julián ensayaba una respuesta para
cada pregunta, pero en realidad no tenía ninguna. No sabía por qué no
encontraba un buen amor, no sabía por qué seguía solo y menos aún por
qué la gente que lo rodeaba no tenía el tino de dejar de preguntar.
Un domingo como tantos otros, Julián
había salido a caminar con su máquina de fotos. Sacar fotos era un
hobbie que le servía de compañía. Cansado de caminar, se sentó a tomar
un café y allí la vio. Ella tomaba un jugo, mientras escribía en un
cuaderno vaya a saber qué.
Era bonita, seguro un poco menor que él, pero no demasiado. Y entonces, se le ocurrió una idea.
-Disculpa ¿Me permitirías sacarme una foto contigo? –Preguntó ante los asombrados ojos de Mercedes.
Sin dejar que Mercedes articulara palabra, prosiguió:
-Sé que te parecerá una locura, pero eres tan parecida a ella, casi idéntica.
-¿A quién? –Preguntó ella desconcertada.
Julián debía ser convincente, la imagen
de esa mujer le había dado una idea, algo parecido a un boleto hacia un
viaje a la mentira, una mentira que se le estaba empezando a ser
necesaria.
-A mi hermana –Contestó cambiando el tono de voz-Ella murió hace poco y por increíble que te parezca, no tengo fotos con ella.
¿Y pretendes sacarte una foto conmigo? Una foto no me convertirá en tu hermana –Retrucó Mercedes, más molesta que asombrada.
-No por supuesto, lo sé. No pretendo
que entiendas mi dolor, pero te lo pido por favor, es sólo una foto.
Será como tenerla a ella cerca, por favor, te lo suplico – Insistió
Julián.
Mercedes accedió, no demasiado
convencida, pero sintiendo pena y ternura por esa historia que Julián
inventó en pocos minutos. Llamaron al mozo y Julián le entregó la
cámara.
-Sonríe por favor, ella siempre lo
hacía, era muy alegre ¿Puedo pasar mi mano por tu hombro? No lo tomes a
mal, pero a ella le gustaba.
Mercedes sonrió, algo incómoda, pero lo
hizo. Se sintió el tenue sonido de la máquina de fotos que, a partir de
ese instante, llevaría a la vida de Julián una realidad diferente, o
mejor dicho, llevaría respuestas a tantas preguntas que ya no quería
escuchar.
Al día siguiente reveló la foto y lo
hizo en diversos tamaños. Compró dos portarretratos uno para la oficina
y otro para el hogar. Colocó las fotos en ambos y una más pequeña en su
billetera.
-Te llamarás Julia –Dijo y beso la foto, como quien besa una estampita.
A partir de ese día, Julia cobró vida en el mundo de Julián y más aún en el imaginario de toda la gente que lo conocía.
-¡Era hora Julián! Te felicito, es muy bonita.
-Bella sonrisa por cierto. - ¿Y se llama Julia? ¡Vaya qué casualidad! Ni que lo hubieses buscado.
Ya no había preguntas incómodas, sólo
expresiones de alegría y alivio. Había que tomar ciertos recaudos para
que la mentira fuese creíble, no atender el teléfono en ciertas
ocasiones, ir al cine y al teatro, solo, pero ir para tener una salida
que contar.
No sería difícil, no más que haber vivido como había vivido hasta ese día.
Una mañana, mientras revolvía un café
una y mil veces, pensó en que no faltaría mucho para comenzar a
escuchar otro tipo de preguntas.
-¿Y cuándo la conoceremos?
-¿Habrá boda?
Decidió no preocuparse por el momento, ya inventaría otra historia convincente.
Se sentía tranquilo, ya no estaba solo para el mundo exterior, ya nadie se compadecía de él y de su soledad.
Ahora era parte del resto de la
humanidad, del resto que ama y es amado, que sale, que vive, que sueña
y que comparte. Para el mundo, Julián tenía una vida que sólo se diluía
cuando llegaba a su casa, cuando Julia volvía a llamarse Mercedes.
Puertas adentro, la soledad volvía a esperarlo, como siempre lo había hecho.
Puertas adentro, un portarretratos, una
sonrisa forzada y un abrazo no sentido le decían todo el tiempo que
poco importa las respuestas a las preguntas ajenas, cuando no se tienen
para las propias.
Liana Castello.
sábado, 5 de mayo de 2012
martes, 24 de abril de 2012
El gato y el perro.
Nunca supuse ni pensé en ello más de lo normal, para mi solo fue una experiencia más de la que apenas fui participe. Pero aún así, creo recordarlo como si lo fuera.
Éramos jóvenes eso es cierto. Pero creo recordar que también crueles. El era un cachal como cualquiera de su edad, sometido al refugio de la amistad. Quizás demasiado joven para darse cuenta de la crueldad de los demás.
En aquel momento, salíamos unos cuantos conocidos que con el tiempo se conviertieron en amigos. El grupo era un pequeño corpusculo de gente de aquí y allá. Algunos de ellos se conocían de chicos, otros no tanto. Y para estos el era un intruso, ese tipo de intruso al cual, a uno de ellos, tendente a las manías no le cayó en gracia.
La explosión de esto no fue más que esa expresión maníquea que contagía sus manías a sus afínes. Manías persecutorias tendentes al sometimiento o al aislamiento de los demás. Cuya única intención era aislar al nuevo, pero eso sí, aprovechándose de él.
El tiempo pasaba entre corribandas, escondites cuando aparecía en el lugar de encuentro, y demás improperios a la amistad.
Pero el destino trascurrió como amigo de lo justo......el intruso huyó en busca de nuevos campos abiertos, allí donde nadie se esconda de la responsabilidad de la amistad.
Y el tiempo como amigo de sus amigos, los reunió. A través del destino de los que solo saben escuchar.......de los que viven dogmatizados por la ley de la música.........y a través de ella, recordaron, rieron del ayer, y perdonaron el mañana, ....como vehículos profundos del saber perdonar......por que el saber escuchar....no es más que una expresión del que sabe perdonar.
Y del respeto a la música nació el saber de la convivencia.....y el recuerdo de aquellos tiempos pasados sometidos a un presente con futuro en su olvido.
domingo, 8 de abril de 2012
Sombra.
Era la misma hora de
siempre..., el mismo lugar al que solíamos ir, nos gustaba ver como los últimos
rayos del sol se ocultaban en el horizonte. Era maravilloso ver como el cielo
y el mar parecían arder, era como si el sol se negara a irse y lo incendiara
todo a su alrededor, con furia, con rabia, para luego morir apagándose en el
mar.
Cada día lo mismo, cada
atardecer, el mismo fuego intenso, la misma tensión, la misma lucha y
luego... silencio,.... un silencio inmenso, una emoción contenida y nos quedábamos
allí, expectantes...
Siempre éramos los mismos y siempre nos sorprendía aquella
sensación de muerte.
Por la mañana estaríamos
también allí, para ver nacer el día, para ver el sol resurgir triunfante,
venciendo a las tinieblas y la oscuridad de la noche, iluminando el mundo y
llenando de vida todo lo que sus rayos tocan.
Siempre igual, muerte y
resurrección, principio y fin, cada día íbamos allí a verlo morir... y
cada día volvíamos para verlo renacer, como un ave fénix que resurge de sus
cenizas,... como una esperanza...
Cada noche, cuando todos se
iban yo me quedaba allí, sentada en la orilla, con la vista fija en el mar,
sintiendo la brisa acariciar mi cara, oyendo el rugido del océano, que me traía
voces viejas y lejanas, voces que atravesaban la tela del tiempo, para llegar
a mi como jirones que se prendían en mi pelo y se metían por mis oídos,
escuchando el murmullo de las olas y el sonido de estas al romperse en la
orilla. Y cada noche, como siempre, fiel a la cita, aquella sombra venía a
sentarse conmigo. No se acercaba, se sentaba algo alejada de mi y yo notaba
como me observaba, en silencio. No me daba miedo, sabía que era y de donde
procedía, había venido de mis sueños, un día había salido de ellos, parecía
tener vida propia, su propio criterio, pero siempre acudía a nuestra cita
silenciosa, se sentaba y me observaba. Yo ansiaba el día en que se acercara y
rompiera ese silencio, en que dejara de ser una sombra y tuviera cuerpo real,
sabía que ese día llegaría...
Luz_Azul.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)